jueves, 23 de febrero de 2012


A partir de lo sublime.

“Es la obra de arte más grandiosa de la historia. Preparar la obra con tanto ajuste y morir en su ejecución para brindar un espectáculo de esa magnitud la hacen única”.(1)




Sublime es una palabra importantísima en el Romanticismo. Es una palabra que lleva consigo lo experiencial. Conlleva una versión de la vida superior a cualquier ámbito del pensamiento, a cualquier ámbito fuera de la razón, y menos de una razón ilustrada. Es la capacidad del éxtasis. Representa lo irrepresentable. Sobrepasa a lo humano y lo humano, que está inmerso allí, se vuelve frágil, y sin saber el camino de vuelta, vuelve. Todo se impregna de instante. El instante se impregna de momentáneo.

Abrumadora la palabrita. La palanca la cual se supone movería el mundo, en el Romanticismo no significa nada. Rige el sometimiento de la naturaleza. Turner se ata al mástil frente a la tormenta provocando la paradoja del placer y el dolor simultáneos, el vacío y el hueco que ya no se lleva en el bolsillo como con Ringo Star, se amplía como una joroba que llena todo y contiene inmerso totalmente al experimentador.




Se naufraga en ideas y al salir a flote se producen más o se transforman. Se da cuenta de lo otro como las sensaciones.

Thomas McEvilley en el texto de En el ademán de dirigir nubes, publicado en la revista Artforum en 1984, habla de cómo la representación no es cuestión de volver a presentar la realidad, sino de presentar la percepción de una persona de la realidad. Esto da sensación de inexactitud dentro de una sociedad. Los lugares viven en nuestras representaciones(2).

¿Qué es lo que se mira en el Romanticismo?
¿Será que el sueño de la razón produce monstruos y los sueños del individuo son pesadillas? 
¿Son estas pesadillas sublimes? 



(1)Karlheins Stockhausen dijo esto después de la caída de las torres gemelas en Nueva York. Es posible que para él haya sido un acontecimiento artístico sublime. Esto pone de manifiesto que dentro de lo sublime es posible que no haya reglas de ningún tipo como lo pueden ser los valores morales. 
Días después del comentario tuvo que disculparse y arrepentirse públicamente.


(2) El arte del paisaje. Milani Raffaele. Edición de Federico López Silvestre. Paisaje y Teoría Biblioteca nueva. Madrid. 2007.






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