viernes, 24 de febrero de 2012


A partir de Jaques Louis David


“Yo ahora entreveo la ruta, más no la espero”.
Jaques Louis David


“El arte de Boucher es el que estaba hecho para cautivar a los petimetres, las mujeres, los jóvenes, la gente de mundo, la multitud de los que son extraños al verdadero gusto, a la verdad, a las ideas justas, a la severidad del arte.”, dice Diderot sobre el maestro de David, un pintor del Rococó que estaba de moda en la sociedad del rey Luis XV.

En una anécdota sobre una visita a Boucher, Reynolds comenta que lo encontró “ocupado en un gran cuadro, para el cual no se servía ni de esbozos, ni de modelo de ningún género. Él me respondió que en su juventud y cuando estudiaba arte, había considerado necesario al modelo, pero que hacía mucho tiempo que no se servía de él”. Idea que me parecería curioso unirla al periodo del Romanticismo. Zafarse de un modelo fijo que la Academia pedía, sobretodo de retirarse del modelo del ser humano y optar por unos más dinámicos y efímeros, como lo es, por ejemplo, la naturaleza.

En el Neoclásico, en cambio, se usará el modelo, aun así en la representación idealizada de los personajes. Aparecen importantes en el marco de la razón, las palabras gusto o imitar. Una interpretación basada en mirar hacia la Antigüedad, pero desembocando en una representación desnaturalizada o en una originalidad que se está creando a partir de la imitación.

David recoge temas de mitología romana en su obra, los cuales ya estaban en las reglas de la academia. De hecho realiza dos viajes a Italia, Roma en 1775 y Nápoles en 1779 (durante el cual dice haberse curado de cataratas en los ojos) y ve la majestad del arte romano que lo influencia profundamente.

Es extraño cómo se toma como referente algo “muy antiguo” como lo es el arte romano, considerado al arte que expresa la idea de libertad y un modelo político equilibrado y organizado, para ilustrar un momento de cambio social extremadamente fuerte como lo es la Revolución Francesa en la cual, al mismo tiempo, se habla de valores más “humanos”. Por ejemplo las obras con temas costumbristas se decía que no ilustraban la grandeza de la Revolución.

Pero David, cuando representa, se siente tan fuera de la realidad y tan desconectado de ese ser humano del que habla el discurso de la revolución, que crea un mundo artificial en donde los gestos o las actitudes hacen parte de una puesta en escena y son códigos hechos para ser reconocibles claramente. Por ejemplo la limitada pasión como una virtud (sólo en los hombres ya que las mujeres son las que expresan los sentimientos dramáticamente) o la tensión entre la calma y el dolor, es decir, una manera de enfrentar el dolor como virtud.


Tal vez entre las obras que se tambalean un poco a la hora de hablar del mundo artificial, sea La muerte de Marat de 1793, que al ser una especie de documento adquiere un nivel menos categorizado y algo más humano e íntimo.

Su obra tiene un discurso complejo que se vuelve ajeno, en parte porque David encaja en las ideas academicistas muy bien. Las intenciones en sus cuadros jugaron un papel importante por del público y los dueños del poder. El pintó ideas idealizadas de su contexto Neoclásico. Es, de hecho, un académico violento, en el sentido de perfeccionamiento de control de la armonía, la proporción, ubicar justo las cosas en un lugar, la línea nítida, las cualidades nítidas. Y se vuelve una cuestión de la época de la razón de tal vez, pensar demasiado o ser tremendamente racionable a la hora de crear.


En 1784 pinta el juramento de los Horacios que llega a establecer de alguna forma los cánones de lo que serían sus pinturas. Tuvo mucha fama en Roma y en París, ya que los Horacios juran: “vencer o morir por la libertad”.


Bibliografía:

Jaques Louis David. Romero Brest, Jorge. Editorial Poseidón. Buenos Aires. 1943. 


jueves, 23 de febrero de 2012


A partir de lo sublime.

“Es la obra de arte más grandiosa de la historia. Preparar la obra con tanto ajuste y morir en su ejecución para brindar un espectáculo de esa magnitud la hacen única”.(1)




Sublime es una palabra importantísima en el Romanticismo. Es una palabra que lleva consigo lo experiencial. Conlleva una versión de la vida superior a cualquier ámbito del pensamiento, a cualquier ámbito fuera de la razón, y menos de una razón ilustrada. Es la capacidad del éxtasis. Representa lo irrepresentable. Sobrepasa a lo humano y lo humano, que está inmerso allí, se vuelve frágil, y sin saber el camino de vuelta, vuelve. Todo se impregna de instante. El instante se impregna de momentáneo.

Abrumadora la palabrita. La palanca la cual se supone movería el mundo, en el Romanticismo no significa nada. Rige el sometimiento de la naturaleza. Turner se ata al mástil frente a la tormenta provocando la paradoja del placer y el dolor simultáneos, el vacío y el hueco que ya no se lleva en el bolsillo como con Ringo Star, se amplía como una joroba que llena todo y contiene inmerso totalmente al experimentador.




Se naufraga en ideas y al salir a flote se producen más o se transforman. Se da cuenta de lo otro como las sensaciones.

Thomas McEvilley en el texto de En el ademán de dirigir nubes, publicado en la revista Artforum en 1984, habla de cómo la representación no es cuestión de volver a presentar la realidad, sino de presentar la percepción de una persona de la realidad. Esto da sensación de inexactitud dentro de una sociedad. Los lugares viven en nuestras representaciones(2).

¿Qué es lo que se mira en el Romanticismo?
¿Será que el sueño de la razón produce monstruos y los sueños del individuo son pesadillas? 
¿Son estas pesadillas sublimes? 



(1)Karlheins Stockhausen dijo esto después de la caída de las torres gemelas en Nueva York. Es posible que para él haya sido un acontecimiento artístico sublime. Esto pone de manifiesto que dentro de lo sublime es posible que no haya reglas de ningún tipo como lo pueden ser los valores morales. 
Días después del comentario tuvo que disculparse y arrepentirse públicamente.


(2) El arte del paisaje. Milani Raffaele. Edición de Federico López Silvestre. Paisaje y Teoría Biblioteca nueva. Madrid. 2007.






miércoles, 22 de febrero de 2012


A partir de William Blake y Bartleby.

“Prefiero no hacerlo”.

Desde las ideas de la figura del artista como pensador que sobrepasa un solo lenguaje y la de desobedecer los encargos creando conflicto, me encontré con dos personajes tremendamente interesantes: William Blake y Bartleby.

Personas como Blake, tienen posiciones políticas y sociales que los hacen diferentes dentro de una sociedad siendo aislados de la toma de decisiones dentro del discurso general. Aun así es bastante fuerte la manera con la cual alguien se enfrenta a problemáticas como lo puede ser una independencia, en el caso de Blake el acuerdo con la de Estados Unidos, o la idea de un dios, generando conflictos y nudos de pensamiento complejos.

En cuanto a la capacidad de intervenir por un artista u otra persona dentro del mundo, me atrevo a citar a Bartleby, el escribiente, cuento de 1853 escrito por Herman Melville, en el cual el personaje de Bartleby, que era un copista que trabajaba en una oficina de procesos judiciales, decide, cuando le piden hacer una revisión de sus escritos y trabajos, muy decentemente rehusarse diciendo: “Prefiero no hacerlo”. Al final del cuento este señor muere por esa idea de preferir no hacerlo.



Blake en cambio es una persona que prefiere hacerlo Criticar, reflexionar, revisar, relacionar, mirar, escribir, imaginar, concluir. Y a diferencia de Bartleby que por voluntad propia elimina un discurso producido por él mismo dentro de la sociedad(1), con Blake es la sociedad la que elimina su discurso(2).

Es una situación complicada para los dos, porque, por un lado, Bartleby muere sin haber dicho nada en su presente y es como si acá no pasó nada, y Blake, de alguna manera muere en su presente como discurso aplicable dentro de un grupo de personas.

Lo curioso sucede cuando posteriormente Blake es pensado, reflexionado, comparado, y nombrado como una figura que genera una posición firme y rigurosa frente a unas circunstancias específicas. Y ese efecto de sentido anulado de lo que la persona quiere decir cambia y es repensado con el paso del tiempo. Y de esa manera uno prefiere hacerlo.



(1)  Aclaro que también el hecho de que una persona elimine su discurso dentro de la sociedad es otro tipo de discurso que habla también de ciertas circunstancias sociales.
(2)  Nos encontramos aquí con la palabra genio o genialidad aplicada al artista.

lunes, 20 de febrero de 2012


A partir del Minotauro

“Por qué extraña razón, desde tiempos inmemorables, nos gusta jugar a perdernos y encontrarnos en la oscuridad…” (1)

El mito del Minotauro cuenta cómo el rey Minos, que ofende a Poseidón, no quiere sacrificar un toro en su nombre ya que lo considera muy bello y decide ocultarlo. Poseidón al enterarse desata su furia y hechiza a la esposa de Minos, Pasífae, para que se enamore del toro escondido. Pasífae llama a Dédalo para que le fabrique un disfraz y así poder tener relaciones con el toro. Ella queda embarazada y nace el Minotauro, que es un hombre con cabeza de toro o un toro con cabeza de hombre. El rey Minos al enterarse quiso matarlo, pero no podía por las posibles represalias de Poseidón. Ese era su castigo, haber tener como hijo un monstruo. Minos llama a Dédalo el cual fabrica un laberinto donde el minotauro viviría a manera de prisionero. Durante mucho tiempo personas eran llevadas al laberinto como sacrificio para que el monstruo se alimentara, hasta que en manos del héroe Teseo el Minotauro muere.



Este mito está representado en la obra de Cánova “Minotauro y Teseo” de 1781, la cual muestra el momento del triunfo de Teseo sobre el Minotauro, una metáfora del hombre racional venciendo a la bestia, al ser que carece de razón, o como dice Kant, dentro del marco de la ilustración, al menor de edad protagonista de la barbarie. Es el pensamiento ilustrado que trae ideas liberadoras, pero legitima la subyugación de otro de manera elegante y sofisticada.

En el neoclásico sucede un cambio de eje fuerte de pensamiento sobre el universo, ya no es cuestión de fe sino de razón. Es un momento donde las monarquías entran en crisis, donde suceden acontecimientos como revoluciones sociales, independencias o la creación de instituciones tales como la academia, que se da en un lugar específico que es Europa, y que tiene grandes consecuencias, hasta dramáticas, en la manera de vivir de las personas o de concebir la vida. También hay un interés arqueológico en excavaciones como por ejemplo en Herculano y Pompeya, realizando apuntes de producciones clásicas y consiguientemente de sus representaciones de los mitos. Winckelmann dice que es el verdadero arte y que hay que seguirlo. Un artista del neoclásico, como Cánova, se aproximaría a lograr descripciones idealizadas de la realidad, que por otra parte, obtendrían sentidos universales.

Kant habla sobre la perspectiva del hombre que empieza a adquirir un poder de decidir y pensar por sí mismo, pues considera que no es una época ilustrada sino una época de ilustración, poniendo de manifiesto la idea de progreso. Un progreso que no solo trata sobre el individuo que deja de ser menor de edad y se sirve del propio entendimiento, sino de un progreso social de humanidad. Y este aspecto social lo expone a través de la figura del jefe de estado que favorece la libertad de pensamiento del pueblo. Pero con esa libertad aparecen unas reglas o límites que restringen dentro de la misma. Aun así el mismo Kant expresa lo contradictorio que pueden ser las afirmaciones que realiza sobre la ilustración que relaciona con la idea de progreso, como proyecto que no ha llegado a su materialización.


(3)


En esta transformación que llegaría a este ideal de la razón, que comienza a principios del siglo XVIII, fue común encontrarse con imágenes que aludieran a valores que resaltaban las ideas ilustradas. Pero no solo habían que idealizaran la razón, sino imágenes que minimizaban al ser que carecía de ella. Aparecieron figuras que invocaban espíritus y demonios, brujas y brujos, pues venían de una tradición de la Edad Media de alquimistas y supersticiones (imágenes y concepciones que le serán atractivas a Blake en el Romanticismo). En Francia, en 1711 aparecen una serie de estampas con la figura de Monsieur Oufle rodeado de espíritus, ángeles y demonios propios del mundo de la imaginación, y junto a esta figura hay un bufón que representa al siglo XVIII, burlándose de este personaje irracional. (2)

De la lucha entre razón-ciencia y fe-superstición, Cánova de alguna manera sintetiza  los ideales de la ilustración y del neoclásico que venían desde comienzos del siglo XVIII en obras como “Minotauro y Teseo”, donde el mensaje de la obra aparece mediado, para su comprensión, por diferentes reglas o manejos de la forma y contenido tales como la nitidez de la línea en el dibujo, composiciones sobrias, gestos íntimos como arquetipos, elegancia del movimiento, del orden y la precisión y la armonía dando, como fin, un mensaje ilustrado y neoclásico claro.


En la serie de los Caprichos, una década después de la obra de Cánova, aparece haber un temblor en las concepciones ilustradas generadas por un individuo llamado Goya. Se ve en él una mirada distinta que no parece pertenecer a un sistema racional colectivo. Se acerca a palabras como la pesadilla, el monstruo, la angustia y los contrastes fuertes de la vida. Goya usa los elementos que aparecen en la estampa de 1711, como un hombre rodeado por murciélagos, búhos y un gato, animales asociados a lo oscuro o nocturno y a la superstición. Esta vez no hay un bufón al lado de este hombre, sino hay una frase que revuelve toda la imagen y la tradición que venía de las ideas ilustradas: El sueño de la razón produce monstruos. No se sabe si realmente cumple la función del bufón. No se sabe claramente el mensaje que transmite, que posiblemente sea confuso intencionalmente, así como lo es la razón o el pensamiento de una época, es decir, una manera de burlarse pero reflexionando. Hay una interpretación que habla de que el hombre sentado en una especie de escritorio es ilustrado y ha caído en sueño porque si la razón no está dominando puede ser peligroso. Otra interpretación habla de que la razón es lo peligroso. La frase es como el bufón pero esta vez es posible que se burle del imaginario del siglo XVIII.


Ya no está claramente el mito del Minotauro como la imagen del ser racional venciendo al ser irracional. Goya lo pone en duda y en el siglo XX, la visión del escritor argentino Julio Cortázar en el libro Los Reyes, difiere del personaje irracional y animal que representa el Minotauro, que posiblemente pueda representar el bufón.

Primero, Cortázar, le dio voz al Minotauro, y no solo eso, sino lo nombró como intelectual y poeta. Cuando Teseo entra al laberinto para matarlo, se da cuenta que el mito está mal y descubre que dentro del laberinto todos los que habían sido enviados en sacrificio estaban danzando y viviendo felices dentro en un mundo que parecía ser un mundo ideal. 

¿Qué es lo que cree conocer Teseo cuando entra al laberinto? ¿Era realmente el Minotauro un ser irracional, o un animal libre como expone Borges en La Casa de Asterión? ¿Es un problema de razón y no razón, o es este Minotauro cortaziano la muestra del humano y el animal como un ser de dos caras? ¿Son realmente dos caras? ¿o son interpretaciones de un mito de la antigüedad para ajustarse a una época o al pensamiento de un hombre dentro de una época, ya sea para afirmar o dudar?  



¿Qué sucede con la representación del Minotauro en la obra George F. Watts de 1877? 

Hubo una obra de teatro multi sensorial en Bogotá del centro de investigación de la imagen dramática de la Universidad Nacional de Colombia, que nace de una propuesta del grupo de teatro Creación Colectiva dirigida por Enrique Vargas, llamada el Hilo de Ariadna. La obra, de 1992, representa el mito de Ariadna dentro del laberinto, y lo curioso es que hacia el final del recorrido, cada uno de los espectadores se enfrenta a un espejo, a un reflejo de su imagen, pero esta imagen propia se fusiona con la del Minotauro. Entonces, es el individuo enfrentándose a ese mito y por consiguiente, a él mismo.

La condición de la humanidad de reflexionar sobre un solo mito en diferentes épocas.
¿Dónde queda la idea de razón en el pensamiento de las épocas y dónde quedan las interpretaciones de un mito de la antigüedad?
Aunque estas imágenes no ilustren interpretaciones concretas de pensamientos, me evocan sugerencias de contradicciones dentro del proceso de pensamiento durante el clasicismo relacionado con representaciones del mito del Minotauro en otras épocas.

Eso son re-presentaciones, re de volver y presentar de mostrar, pero en este acto reside un acto de creación dentro del pensamiento de una época y generalizando un poco, en Europa.





(1) Frase de la obra de teatro: Hilo de Ariadna de 1992 en Bogotá. Centro de investigación de la imagen dramática de la Universidad Nacional de Colombia en el marco del III Festival Iberoamericano de Teatro.

(2) Me encontré con esta estampa porque una imagen parecida aparece en una de las pinturas del Biombo Santafereño que fue encargo de un ilustrado llamado Fernando Isolabarrieta, alcalde de la ciudad de Santa Fe, en el Nuevo Reino de Granada.


(3) Imagen extraída del libro Historia del Grabado en Colombia. López Pérez, María del Pilar; Vargas, Laura Liliana; Medina, Álvaro y Acuña Prieto, Ruth. Bogotá. Planeta. 2009.