lunes, 20 de febrero de 2012


A partir del Minotauro

“Por qué extraña razón, desde tiempos inmemorables, nos gusta jugar a perdernos y encontrarnos en la oscuridad…” (1)

El mito del Minotauro cuenta cómo el rey Minos, que ofende a Poseidón, no quiere sacrificar un toro en su nombre ya que lo considera muy bello y decide ocultarlo. Poseidón al enterarse desata su furia y hechiza a la esposa de Minos, Pasífae, para que se enamore del toro escondido. Pasífae llama a Dédalo para que le fabrique un disfraz y así poder tener relaciones con el toro. Ella queda embarazada y nace el Minotauro, que es un hombre con cabeza de toro o un toro con cabeza de hombre. El rey Minos al enterarse quiso matarlo, pero no podía por las posibles represalias de Poseidón. Ese era su castigo, haber tener como hijo un monstruo. Minos llama a Dédalo el cual fabrica un laberinto donde el minotauro viviría a manera de prisionero. Durante mucho tiempo personas eran llevadas al laberinto como sacrificio para que el monstruo se alimentara, hasta que en manos del héroe Teseo el Minotauro muere.



Este mito está representado en la obra de Cánova “Minotauro y Teseo” de 1781, la cual muestra el momento del triunfo de Teseo sobre el Minotauro, una metáfora del hombre racional venciendo a la bestia, al ser que carece de razón, o como dice Kant, dentro del marco de la ilustración, al menor de edad protagonista de la barbarie. Es el pensamiento ilustrado que trae ideas liberadoras, pero legitima la subyugación de otro de manera elegante y sofisticada.

En el neoclásico sucede un cambio de eje fuerte de pensamiento sobre el universo, ya no es cuestión de fe sino de razón. Es un momento donde las monarquías entran en crisis, donde suceden acontecimientos como revoluciones sociales, independencias o la creación de instituciones tales como la academia, que se da en un lugar específico que es Europa, y que tiene grandes consecuencias, hasta dramáticas, en la manera de vivir de las personas o de concebir la vida. También hay un interés arqueológico en excavaciones como por ejemplo en Herculano y Pompeya, realizando apuntes de producciones clásicas y consiguientemente de sus representaciones de los mitos. Winckelmann dice que es el verdadero arte y que hay que seguirlo. Un artista del neoclásico, como Cánova, se aproximaría a lograr descripciones idealizadas de la realidad, que por otra parte, obtendrían sentidos universales.

Kant habla sobre la perspectiva del hombre que empieza a adquirir un poder de decidir y pensar por sí mismo, pues considera que no es una época ilustrada sino una época de ilustración, poniendo de manifiesto la idea de progreso. Un progreso que no solo trata sobre el individuo que deja de ser menor de edad y se sirve del propio entendimiento, sino de un progreso social de humanidad. Y este aspecto social lo expone a través de la figura del jefe de estado que favorece la libertad de pensamiento del pueblo. Pero con esa libertad aparecen unas reglas o límites que restringen dentro de la misma. Aun así el mismo Kant expresa lo contradictorio que pueden ser las afirmaciones que realiza sobre la ilustración que relaciona con la idea de progreso, como proyecto que no ha llegado a su materialización.


(3)


En esta transformación que llegaría a este ideal de la razón, que comienza a principios del siglo XVIII, fue común encontrarse con imágenes que aludieran a valores que resaltaban las ideas ilustradas. Pero no solo habían que idealizaran la razón, sino imágenes que minimizaban al ser que carecía de ella. Aparecieron figuras que invocaban espíritus y demonios, brujas y brujos, pues venían de una tradición de la Edad Media de alquimistas y supersticiones (imágenes y concepciones que le serán atractivas a Blake en el Romanticismo). En Francia, en 1711 aparecen una serie de estampas con la figura de Monsieur Oufle rodeado de espíritus, ángeles y demonios propios del mundo de la imaginación, y junto a esta figura hay un bufón que representa al siglo XVIII, burlándose de este personaje irracional. (2)

De la lucha entre razón-ciencia y fe-superstición, Cánova de alguna manera sintetiza  los ideales de la ilustración y del neoclásico que venían desde comienzos del siglo XVIII en obras como “Minotauro y Teseo”, donde el mensaje de la obra aparece mediado, para su comprensión, por diferentes reglas o manejos de la forma y contenido tales como la nitidez de la línea en el dibujo, composiciones sobrias, gestos íntimos como arquetipos, elegancia del movimiento, del orden y la precisión y la armonía dando, como fin, un mensaje ilustrado y neoclásico claro.


En la serie de los Caprichos, una década después de la obra de Cánova, aparece haber un temblor en las concepciones ilustradas generadas por un individuo llamado Goya. Se ve en él una mirada distinta que no parece pertenecer a un sistema racional colectivo. Se acerca a palabras como la pesadilla, el monstruo, la angustia y los contrastes fuertes de la vida. Goya usa los elementos que aparecen en la estampa de 1711, como un hombre rodeado por murciélagos, búhos y un gato, animales asociados a lo oscuro o nocturno y a la superstición. Esta vez no hay un bufón al lado de este hombre, sino hay una frase que revuelve toda la imagen y la tradición que venía de las ideas ilustradas: El sueño de la razón produce monstruos. No se sabe si realmente cumple la función del bufón. No se sabe claramente el mensaje que transmite, que posiblemente sea confuso intencionalmente, así como lo es la razón o el pensamiento de una época, es decir, una manera de burlarse pero reflexionando. Hay una interpretación que habla de que el hombre sentado en una especie de escritorio es ilustrado y ha caído en sueño porque si la razón no está dominando puede ser peligroso. Otra interpretación habla de que la razón es lo peligroso. La frase es como el bufón pero esta vez es posible que se burle del imaginario del siglo XVIII.


Ya no está claramente el mito del Minotauro como la imagen del ser racional venciendo al ser irracional. Goya lo pone en duda y en el siglo XX, la visión del escritor argentino Julio Cortázar en el libro Los Reyes, difiere del personaje irracional y animal que representa el Minotauro, que posiblemente pueda representar el bufón.

Primero, Cortázar, le dio voz al Minotauro, y no solo eso, sino lo nombró como intelectual y poeta. Cuando Teseo entra al laberinto para matarlo, se da cuenta que el mito está mal y descubre que dentro del laberinto todos los que habían sido enviados en sacrificio estaban danzando y viviendo felices dentro en un mundo que parecía ser un mundo ideal. 

¿Qué es lo que cree conocer Teseo cuando entra al laberinto? ¿Era realmente el Minotauro un ser irracional, o un animal libre como expone Borges en La Casa de Asterión? ¿Es un problema de razón y no razón, o es este Minotauro cortaziano la muestra del humano y el animal como un ser de dos caras? ¿Son realmente dos caras? ¿o son interpretaciones de un mito de la antigüedad para ajustarse a una época o al pensamiento de un hombre dentro de una época, ya sea para afirmar o dudar?  



¿Qué sucede con la representación del Minotauro en la obra George F. Watts de 1877? 

Hubo una obra de teatro multi sensorial en Bogotá del centro de investigación de la imagen dramática de la Universidad Nacional de Colombia, que nace de una propuesta del grupo de teatro Creación Colectiva dirigida por Enrique Vargas, llamada el Hilo de Ariadna. La obra, de 1992, representa el mito de Ariadna dentro del laberinto, y lo curioso es que hacia el final del recorrido, cada uno de los espectadores se enfrenta a un espejo, a un reflejo de su imagen, pero esta imagen propia se fusiona con la del Minotauro. Entonces, es el individuo enfrentándose a ese mito y por consiguiente, a él mismo.

La condición de la humanidad de reflexionar sobre un solo mito en diferentes épocas.
¿Dónde queda la idea de razón en el pensamiento de las épocas y dónde quedan las interpretaciones de un mito de la antigüedad?
Aunque estas imágenes no ilustren interpretaciones concretas de pensamientos, me evocan sugerencias de contradicciones dentro del proceso de pensamiento durante el clasicismo relacionado con representaciones del mito del Minotauro en otras épocas.

Eso son re-presentaciones, re de volver y presentar de mostrar, pero en este acto reside un acto de creación dentro del pensamiento de una época y generalizando un poco, en Europa.





(1) Frase de la obra de teatro: Hilo de Ariadna de 1992 en Bogotá. Centro de investigación de la imagen dramática de la Universidad Nacional de Colombia en el marco del III Festival Iberoamericano de Teatro.

(2) Me encontré con esta estampa porque una imagen parecida aparece en una de las pinturas del Biombo Santafereño que fue encargo de un ilustrado llamado Fernando Isolabarrieta, alcalde de la ciudad de Santa Fe, en el Nuevo Reino de Granada.


(3) Imagen extraída del libro Historia del Grabado en Colombia. López Pérez, María del Pilar; Vargas, Laura Liliana; Medina, Álvaro y Acuña Prieto, Ruth. Bogotá. Planeta. 2009.

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