Carta:
Hay una pausa en la obra de la nada.
Hay
un lugar vacío. Permanezco en una situación como si fuera equipaje de mano. Empiezan
a salir los sordos de casa, escritores proclaman un mundo enfermo y se realizan
simultáneas bodas sin oro llenas de arroces de futura nada. Los tartamudos
invaden los bares y cabarets de una ciudad de aquellas que los realistas llaman
de ficción. Se juega al juego de las reglas de los patafísicos y se escriben
palabras que terminarán por dejar de ser meras jitanjáforas desbordadoras de
sentido. Boxeadores cabeceando por doquier. El teatro pobre ruso surgiendo de
setecientos fenómenos de movimiento y de un contexto histórico difícil e
incomprensible después de haber sido leído por la madre de Máximo Gorki.
Científicos tales como Tesla andan por ahí gritando y susurrando que el mundo
es una caja de resonancia continua. Los cordones umbilicales se rompen para
crear otros o como dirá Krauss para servirse de la retícula de un pasado horizonte
de comprensión. Es una búsqueda, siempre lo es, y se mantiene de esa manera. Este
mundo es como las vidas del sobrino de Wilde, Cravan.
Culpable,
yo, futurista con bigotes vestido como pingüino de encuentros con el fin del
mundo de Herzog, de haber leído ese cuento del hambre del artista y sentirse
responsable de haber visto y no escuchado unos cuantos libros, esas ideas que
siempre creí literales, entiendo que son literarios y por consiguiente de mecanismos.
De manifiestos de lo que se oye en una casa, en un cuarto, en unos caminos, en
una vuelta, o en un ejercicio de salida. La poesía sonora se está manifestando
de múltiples formas, un desorden con sentido simultáneo alejado de aquello
llamado vulgarmente música. La vibración de la voz en el cuerpo. Las
aproximaciones al ruido son evidentes, el blanco pasa a ser adjetivo de la
palabra ruido o silencio, ya no me acuerdo cuál de las dos. Pero es esta
acumulación histórica sonora que me recuerda aquella marcha del funeral de
aquel sordo, y demuestro que Xenakis con su método de componer y generar
tremendas instalaciones sonoras a base de modelos de la naturaleza, tiene mucho
que ver con Kandinsky y su simbología del color, además claro está que los
constructivistas también hablan de futurismo como si se tratara de todos
nosotros.
Empiezo a mezclar muchas obras de poesía sonora que
usan la voz como medio de experimentación. A veces se forman nudos de ruido. Me parece que funciona.
Bernard Heidsiek, Brian Gysin,
Henri Chopin, Francois Dufrene, Mimmo Rotella, Bob Cobbing, Ladislaw Novak,
Hugh Davies, Sten Hanson, Bengt Emil Johnson, William Borroughs, Paul de Vree,
Gil J. Wolman, ocuparán, como futuros poetas sonoros, casi todo el espacio de mi futura joroba.
La nombré vanguardia.
Este
mundo que guardo en mi maleta es mi presente, mi futuro o mi rechazo al pasado.
La verdad es que he perdido su distinción y he pensado que debo disculparme con
un par personas parte de la sociedad de la que somos parte.
Espero,
mi buen amigo Raoul Hausmann, recibas esta carta que te escribo desde este prostíbulo, y para
que entiendas que a través de la imaginación encuentro nuevas maneras de
apropiarme del mundo, de las palabras y las cosas, pero sobretodo de tus
poesías.
…quien
vive muchas vidas, vive muchas muertes.

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